10 lecciones que podemos aprender de los niños

Cuando somos pequeños, jugamos a ser mayores. Cuando crecemos, olvidamos cuán maravilloso era ser niños. Sin embargo, los niños tienen muchísimas cualidades estupendas que deberíamos retomar ya que, al fin y al cabo, en algún momento, esas características también formaron parte de nosotros.


De hecho, es curioso como a menudo leemos manuales o buscamos ayuda especializada para ser más felices y encontrar el equilibrio psicológico, cuando en realidad la respuesta está dentro de nosotros y bastaría mirar al pasado. Mirar a los niños con los ojos de un adulto, nos puede desvelar el camino para vivir de forma más plena y reencontrar la felicidad.



1. Valora los pequeños detalles

 

Los niños no van en pos del dinero ni del reconocimiento social, ponen el corazón en lo que hacen, se apasionan y disfrutan de los pequeños detalles. De hecho, la principal diferencia entre los niños y los adultos es que durante la infancia disfrutamos mucho el trayecto, mientras que en la adultez, nos centramos obsesivamente en los resultados, perdiéndonos lo mejor del camino. Sin embargo, es en los pequeños detalles donde se encuentra el verdadero gozo. 

 

2. Atrévete a probar cosas nuevas

 

El miedo al fracaso es el principal obstáculo que detiene a los adultos. Sin embargo, de niño no teníamos ese temor. No nos preguntábamos si nos haríamos daño al tirarnos por el tobogán, simplemente lo hacíamos y disfrutábamos de la velocidad. Por supuesto, como adultos debemos tomar decisiones más responsables, sopesando los pros y los contras, pero en ocasiones simplemente debemos dejarnos llevar, aparcar el miedo a equivocarnos y atrevernos a probar cosas nuevas. 

 

3. Conecta con tu parte divertida

 

Aburrirse es aburrido. Los niños lo saben y por eso intentan que cada momento sea divertido, quieren sacarle el máximo provecho a cada minuto. Sin embargo, por alguna razón, cuando crecemos perdemos el interés por muchas cosas y para entretenernos necesitamos artilugios cada vez más sofisticados. La clave radica en comprender que la diversión no es algo que llega desde fuera, es una actitud que adoptamos. Debemos aprender a sortear esa censura que nos hemos impuesto y reencontrar lo que nos hace felices. Atrévete a exprimir cada instante.

 

4. Despierta tu curiosidad

 

El mundo está lleno de cosas asombrosas, cosas que no conocemos pero que, por algún motivo, ya no nos ilusiona descubrir. Sin embargo, debemos recuperar esa pasión por descubrir, tanto el mundo que nos rodea como a las personas e incluso a nosotros mismos. Cuando aprendemos a ver la vida con curiosidad, es como si se abriese la puerta a un mundo paralelo, que nos permite generar nuevas ideas y potenciar la creatividad. Recuerda que en lo desconocido no se esconde la incertidumbre sino más bien un universo de posibilidades. Vuelve a mirar las cosas como si fuera la primera vez, siempre descubrirás nuevas facetas que habías pasado por alto.

 

5. Expresa lo que sientes

 

Los niños no tienen filtros para expresar sus emociones, si se sienten tristes lloran y si quieren a una persona, se lo dicen sin más. Sin embargo, a medida que crecemos comenzamos a avergonzarnos de nuestros sentimientos e intentamos ocultarlos, mostrándolos solo en las situaciones “correctas”. De esta forma, perdemos la oportunidad de conectar emocionalmente con las personas que nos rodean y, sin darnos cuenta, nos negamos la posibilidad de sentir. Por supuesto, no se trata de perder el control de las emociones sino de aprender a expresarlas asertivamente, no debemos negarlas u ocultarlas.

 

6. Deshazte de los prejuicios

 

Los niños están más abiertos a las experiencias que los adultos, lo cual se debe a que no tienen la mente llena de prejuicios. De esta forma, logran vivir de forma más plena día tras día. Sin embargo, con el paso de los años los prejuicios se convierten en una barrera invisible que nos impide relacionarnos con otras personas y que limita nuestra visión del mundo. Si decides salir tan solo un día a la calle dejando los prejuicios en casa, te asombrarás de todas las cosas que puedes descubrir. No dejes que las ideas preconcebidas que te ha transmitido la sociedad o que antiguas experiencias negativas condicionen tu capacidad para disfrutar plenamente del presente. Mantén la mente abierta.

 

7. Aprovecha cada momento

 

Los niños tienen una increíble capacidad para desconectarse del mundo y vivir plenamente el presente. No obstante, a medida que crecemos el pasado y el futuro nos atrapan, impidiendo que disfrutemos del aquí y ahora. No obstante, cuando un niño arma un rompecabezas o se come un helado, no existe nada más en el universo, disfruta de esa acción como si fuera la primera y la última. De la misma manera, debemos reaprender a aprovechar cada instante, porque esa es una de las claves de la felicidad. 

 

8. Lucha por lo que quieres

 

Cuando un niño se empecina en algo, es difícil convencerle de lo contrario. El niño que quiere una cosa, lucha hasta conseguirlo, prueba diferentes estrategias y si ve que no funcionan, no se da por vencido, toma otro camino. Sin embargo, cuando crecemos, el sentido común comienza a decirnos que es mejor abandonar. Sin embargo, lo curioso es que en realidad lo que nos hace abandonar no es el sentido común sino nuestros miedos e inseguridades. Por eso, cuando realmente quieras algo, recuerda esa perseverancia que tenías en la infancia.

 

9. Ama incondicionalmente

 

Los niños no supeditan su amor, aman incondicionalmente, aceptando a la otra persona tal cual es, sin pretender cambiarla. Sin embargo, cuando nos hacemos adultos comenzamos a supeditar el amor a una serie de condiciones, incluso económicas. No obstante, el verdadero amor no es aquel que plantea condiciones sino el que acepta a la persona, con sus virtudes y defectos. El amor con condiciones se convierte tan solo en una mercancía de cambio, y no es beneficioso ni para quien lo recibe ni para quien lo ofrece.

 

10. Ten grandes sueños

 

A los niños nada les impide soñar. Por eso tienen grandes sueños. No obstante, en algún momento a lo largo de la vida comenzamos a darnos baños de realidad y nuestras ilusiones y sueños se van escurriendo por el desagüe, hasta que nos resignamos a vivir una vida que no nos satisface. No obstante, los sueños y la esperanza son el motor impulsor más poderoso de nuestro comportamiento, nos brinda la energía que necesitamos para recorrer el camino. Por eso, reencuentra tus pasiones y cultívalas, no dejes de soñar porque en ese mismo momento dejarás de vivir.

 

El filósofo francés Rousseau afirmó: "La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras".

 

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