Emociones y enfermedades: cómo se relacionan

Emociones y enfermedades van muchas veces de la mano, aunque durante siglos la medicina tradicional negó la influencia de los estados emocionales en las enfermedades físicas, en las últimas décadas las investigaciones han desvelado que nuestro estado de ánimo puede desencadenar algunas patologías, empeorar su curso o, al contrario, facilitar la recuperación. Ahora investigadores finlandeses han realizado un mapa corporal que muestra con claridad en qué zonas inciden las emociones.

  

Todas las emociones básicas, desde la tristeza hasta la alegría, tienen un correlato somático. Por ejemplo, el miedo no solo provoca aprehensión, ansiedad y preocupación sino que también desencadena inmediatamente una serie de respuestas en el plano fisiológico, como el aumento de la presión arterial, palpitaciones, dilatación de las pupilas y un incremento de los niveles de glucosa en sangre.

Todos estos cambios nos permiten estar preparados para huir, en caso de que sea necesario. No obstante, lo más interesante es que todas las personas experimentamos las mismas reacciones fisiológicas, sin importar nuestra edad, género o cultura.


El Mapa corporal de las emociones 


Investigadores de la Universidad de Aalto, en Finlandia, reclutaron a 701 personas con el objetivo de determinar en qué lugar de su cuerpo percibían el impacto de las emociones primarias (como la ira, la felicidad, la tristeza y la sorpresa) e incluso otras emociones más complejas (como la ansiedad, el amor, el desprecio, el orgullo y la vergüenza).

Estas personas fueron divididas en diferentes grupos, algunos tenían que leer una serie de palabras o relatos cortos y otros veían fotografías, expresiones faciales o escenas de un filme. Todos estos estímulos habían sido cuidadosamente diseñados para incentivar en las personas 13 emociones en concreto.

Los participantes estaban colocados delante de una silueta humana en blanco y su cometido era colorear las zonas del cuerpo donde más experimentaban las emociones. Con el rojo debían señalar las zonas donde las sensaciones eran más intensas y con el azul aquellas donde la activación era menor.


Lo interesante fue que la mayoría de las personas coincidían en las zonas coloreadas. Por ejemplo, las emociones positivas como la felicidad, el orgullo y el amor despertaban sensaciones que se extendían prácticamente por todo el cuerpo. Es como si estasemociones nos inundasen, literalmente hablando.

Al contrario, las emociones negativas como la vergüenza, la ansiedady el desprecio solían concentrarse en la parte superior de nuestro cuerpo, lo cual es perfectamente comprensible puesto que es en el tronco donde se encuentran los órganos vitales implicados en las reacciones somáticas vinculadas a estos estados emocionales, como la aceleración del ritmo cardiaco y la respiración.

También se apreció que las emociones primarias generan una mayor activación corporal mientras que las emociones más complejas provocan una respuesta menos intensa. Con estos datos en mano, los investigadores no tienen dudas de que cada emoción desencadena una respuesta fisiológica específica que impacta en diferentes zonas de nuestro cuerpo.

Emociones que enferman, emociones que sanan

Este estudio se suma a una larga lista de investigaciones en las cuales se ha demostrado el impacto que las emociones tienen sobre nuestro organismo. Según estos resultados, cadaemoción incide de manera diferente en nuestro cuerpo activando zonas diversas por lo que no sería descabellado pensar que cuando estos estados emocionales se mantienen durante largos periodos de tiempo, pueden provocar daños en nuestro organismo que den pie al desarrollo de algunas enfermedades.

La buena noticia es que, de la misma manera en que existen emociones que aumentan el riesgo de enfermedades, también hay emociones que nos ayudan a sanar o que nos ayudan a prevenir diferentes problemas de salud.

En este sentido, basta citar una de las investigaciones más grandes que se han realizado sobre el optimismo y la felicidad en relación con la calidad de vida y la longevidad. Después de haber analizado a 3,199 ancianos durante un periodo de ocho años, los investigadores descubrieron que las personas más optimistas y felices no solo tenían una mayor esperanza de vida sino que sufrían menos enfermedades y llevaban un estilo de vida más satisfactorio.

elpradopsicologos.es/

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